Un buen texto: La debilidad de los pacificos
Y la resistencia sigue... saludos!
La debilidad de los pacíficos
06/08/2006
Por Denise Dresser
"La fuerza de los pacíficos", dice Felipe Calderón.
Una y otra vez. Repitiendo sin cesar palabras que
también contribuyen a polarizar. Actuando como si su
partido monopolizara la virtud cuando está lejos de
hacerlo. Colocando a la población en los
compartimientos que le convienen y desdeñando a
quienes se rehusan a ocuparlos. Evidenciando todo lo
que no entiende. El país complejo, diverso, de ricos y
pobres, de personas que lo apoyan y de millones que no
lo hacen, de quienes creen en la legalidad y de
quienes dudan de su existencia, de aquellos que ya
votaron y de aquellos que exigen constatar si el país
lo hizo limpiamente. Las demandas legítimas. La
inviabilidad del status quo. Los agravios acumulados.
Los deseos de cambio profundo. Y ante esa realidad, un
"presidente electo" que insiste en más de lo mismo.
Más de los mismos "spots" que tantas divisiones
causaron. Más de las mismas posturas complacientes que
tanta animadversión generaron. Más de las mismas
alianzas tácticas con el PRI que tan contraproducentes
resultaron. Más del rechazo al recuento que el 70 por
ciento de la población apoya. Como si los resultados
de la elección no fueran un serio llamado de atención.
Como si con tan sólo una decisión favorable del Trife,
la partición del país fuera remontable. Como si la
descalificación a quienes votaron por AMLO fuera
suficiente para neutralizarlos. Como si el decir
"México ya votó" fuera suficiente para eliminar las
dudas que López Obrador ha logrado sembrar. Como si
apelar a la ley fuera suficiente para que todos los
mexicanos pudieran confiar en su aplicación. Así actúa
hoy Felipe: asumiendo una posición de "fuerza" que
revela su gran debilidad.
En las últimas semanas, las críticas se han centrado
en el comportamiento de López Obrador y con razón.
Pero su adversario también las merece. Con las
palabras que pronuncia y las posiciones que asume,
Calderón coloca sal sobre las heridas en lugar de
contribuir a su cicatrización. Manda un mensaje de
continuidad, cuando millones la han cuestionado.
Sugiere que es necesario preservar las reglas de juego
económico y político, cuando millones las han
rechazado. Argumenta que es indispensable defender a
las instituciones, cuando – con la excepción de
aquellas que se han creado o reformado como el IFE, el
TRIFE, la Suprema Corte y el IFAI –, muchas no existen
para representar ciudadanos, sino para exprimirlos.
Desde el 2 de julio, Calderón se dedica a defender al
sistema existente, en lugar de plantear opciones
significativas para su remodelación.
Y quienes lo acompañan actúan de la misma manera. Los
legisladores panistas vacacionando en un hotel de lujo
en la Riviera Maya. Josefina Vázquez Mota volando en
un avión privado a Monterrey, con el objetivo de
recaudar fondos para la campaña mediática contra López
Obrador. Televisa ignorando la marcha en la que se
anuncia el plantón, e intentando tapar el sol pantalla
tras pantalla. Rubén Aguilar burlándose de AMLO y
todos los que votaron por él.
Vicente Fox usando un desplegado de intelectuales que
piden una solución institucional, para apoyar
políticamente a su candidato. Marta Sahagún amenazando
al legislador que investiga a sus hijos y las fortunas
que han logrado acumular. Todos actuando como siempre,
cuando los resultados de la elección sugieren que ya
no es posible. Que ya no es deseable. Que ya no es
factible. Que será necesario gobernar de otra manera,
compartir el poder de otra manera, entender la
democracia de otra manera.
Pero la alianza panista con Elba Esther Gordillo
subraya que Felipe Calderón piensa hacerlo igual. De
la mano con una de las partes más podridas del PRI.
Una mujer para quien la política es siempre acuerdos
en lo oscurito, telefonemas secretos, negociaciones
turbias, chantajes indecibles. Alguien cuya sola
existencia explica la baja calidad de la educación en
México, y la
dificultad para reformarla. Alguien que siempre ha
usado a la política no para representar, sino para
extraer. Alguien que siempre ha visto al
sindicato no como un vehículo de colaboración
colectiva, sino como un instrumento de control
personal. Movilizando a los maestros cada vez que
quiere y lográndolo el día de la elección. Llamando a
Felipe Calderón "presidente electo" porque ella ha
asegurado que lo sea. La mujer que contribuyó a
colocarlo a un par de pasos del trono, y ahora querrá
compartir las llaves del reino.
Y allí está Felipe apostando a la colaboración con los
peores de siempre – Manlio Fabio Beltrones y Emilio
Gamboa – a la espera de sacar, ahora sí, las reformas.
Felipe Calderón ni siquiera ha llegado a Los Pinos, y
ya ha transmitido la imagen de cómo será cuando llegue
allí. El presidente de los intereses creados, de las
televisoras protegidas, de los sindicatos apapachados,
de los monopolios privados. El que para ganar se ha
aliado con todos ellos. El que ya aseguró que seguirán
produciendo como producen; controlando como controlan;
repartiéndose el pastel como se lo reparten. Impasible
ante el resentimiento; impávido ante las demandas;
desdeñoso ante las dudas sobre la elección; pensando
que bastarán 10 puntos para apaciguar al sur del país;
rechazando contar los votos cuando le resultará
difícil gobernar si no se examinan otra vez.
Decía Lyndon Johnson que la tarea más difícil para un
presidente no es hacer lo que es correcto, sino saber
lo que es correcto. Y Calderón parece no saberlo.
Insiste en dividir al país en los pacíficos y en los
violentos, en nosotros los buenos y ustedes los malos,
en los ciudadanos que ya votaron y los que no tienen
derecho a confirmar que sus votos se contaron bien. Al
actuar de esa manera, dinamita los espacios comunes
antes que contribuir a su reconstrucción. Ahonda las
divisiones que la elección ha revelado en lugar de
ayudar a su superación. Demuestra que no entiende a
los que apoyaron a AMLO y las esperanzas legítimas de
una vida mejor que depositaron en él. Aprovecha los
errores estratégicos de López Obrador para cerrar los
ojos ante la causa necesaria que defiende.
Y Calderón dice ahora: "La mejor defensa contra los
males que México ha superado y ha dejado en el pasado,
son las instituciones construidas con paciencia y las
leyes que regulan por parejo a todos". Lo afirma de
manera categórica cuando México no ha superado gran
parte de sus males; cuando las instituciones no
funcionan para muchos mexicanos; cuando las leyes se
aplican de manera dispareja para personajes
privilegiados como Arturo Montiel y Mario Marín y
Carlos Romero Deschamps, entre tantos más. Calderón lo
afirma y subraya qué poco conoce al país, qué poco ha
aprendido de la elección, qué pequeña es su capacidad
política ante el tamaño del reto que tiene enfrente.
El líder de los pacíficos, predicando a sus conversos
y alienando aun más a quienes no lo son.
"Una foto es algo que nos toma de la mano y nos dice: ven a ver. El problema no es sólo qué es lo que nos lleva a ver, sino, sobre todo, la forma en que nos llevan. Si en la otra mano de la foto, van la verdad y el afán de justicia, entonces vale la pena el viaje. Si no es así, entonces más vale velar el rollo y la vida" (Marcos)


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